México como refugio voluntario

Hablar de migración en México es un asunto delicado. Mucho se habla de la realizada por necesidad, la de último recurso, la de paso, la nostálgica. Pero poco se dice de la otra migración, la que no tiene necesariamente un matiz negativo y que, a pesar representar un bajo porcentaje en comparación con la población total, es fácilmente reconocible en las grandes ciudades: la migración voluntaria, que ve a México no sólo como una escala de paso a los Estados Unido sino como una opción de vida.

Existen dos fenómenos complejos que en seguida saltan a la mente al mencionar el tema de la migración y que pueden ser resumidos como la referente a la frontera norte y la relacionada con la del sur. Por un lado, los millones de emigrantes que cruzan el Río Bravo en busca de oportunidades en los Estados Unidos y el conjunto de consecuencias sociales que produce: el vacío de las comunidades, las muertes de los cruces fallidos, el maltrato de los agentes de frontera, las remesas, etc. En la frontera sur, el papel del villano lo juega México (los abusos de la ‘migra’, la violencia en los caminos de frontera, la prostitución, el secuestro y extorsión), aunque los beneficios económicos están lejos de comparación.

La otra migración

Pero en México, el flujo de personas es un fenómeno creciente (de 1921 al 2000 se multiplicó por cinco el número de residentes) y no es sólo un asunto problemático y merecedor de reproches. La migración es también un fenómeno social de enormes implicaciones culturales que se relacionan a la adaptación, el sincretismo, el diálogo y la diversidad.

Se dice de México que se trata de un país marcado por el mestizaje y la fusión étnica, lo que Vasconcelos llamó la raza cósmica. Quien conozca México sabrá dónde encontrar los bares que frecuenta la comunidad brasileña, los barrios donde se refugian los argentinos y los pueblos mágicos favoritos de los estadounidenses. Pero la pregunta radica en cómo es la vida del extranjero en México, por qué elegir este país y, sobre todo, para qué quedarse. La vinculación cultural puede ser valorizada a partir de quienes saben expresarse con mayor destreza: los artistas.

Karina Gallo es artista plástica y docente, nacida en Argentina, pero ya de doble nacionalidad. Dice no haber tenido nunca problemas para producir su obra en México y que, por el contrario, ha sido fuente de inspiración. La decisión de vivir en México estuvo más relacionada a las oportunidades que a la necesidad. “El arte está en todos lados, en los colores de las paredes de una casa, en la monumentalidad de su arquitectura, en sus paisajes tan variados, en su gente, en su comida, en sus olores.”

Respecto a las diferencias con Argentina, Karina Gallo afirma que México es un país en donde la gente tiene mucho sentido del arte. “Aquí prefieren colgar en sus paredes obras originales –aunque no sean pintores reconocidos– a tener pósters de Los Girasoles de Van Gogh.” Por otro lado, “en Argentina decís que sos pintora y te preguntan: ¿sí, pero de que trabajas?”

Un fluir inconmensurable

Una de las características de los flujos migratorios es que es muy difícil de contabilizar. Los últimos datos duros sobre los residentes extranjeros en el país datan del año 2000, por lo que sólo podemos hacer estimaciones al respecto. Según el XII Censo General de Población y Vivienda del INEGI (Instituto Mexicano de Estadística, Geografía e Informática), existían un total de 492 mil 617 residentes extranjeros, de los cuales la gran mayoría (un 87.5%) eran provenientes del resto de América. Es por esto que, aunque la inmigración extranjera tuvo en otras épocas una gran influencia, por ejemplo, durante la guerra civil española, nos limitaremos a observar lo que ocurre con los residentes del continente americano únicamente.

Un caso importante y evidente es el de la comunidad argentina. La primera oleada llegó en las décadas de los ‘60 y ‘70 formada por quienes huían de los continuos golpes de estado y, posteriormente, de la dictadura militar y el eufemístico Proceso de Reorganización Nacional. La segunda escapó de un país en bancarrota después del quiebre financiero del 2001, por lo que los números escapan a la ciencia cierta. En el 2000, la cantidad de residentes argentinos en México era de 6 mil 465, lo que representaba un 1.3% del total.

Pero la cifra real y actual de argentinos que residen en México es un misterio. Documentos publicados por la Secretaría de Gobernación calcula una cantidad aproximada a los 15 mil, pero otras fuentes no oficiales hablan de los 30 mil. No obstante, estos números son evidentemente engañosos. Según datos de la agregaduría de Cultura de la Embajada Argentina en México, se estima que viven actualmente 100 mil, mientras que otras fuentes como el diario argentino La Nación, especulaba (a mediados de la década) un total aproximado de 150 mil habitantes argentinos en México.

Cuestión de perspectiva

Richard Paz y Alex Kautz son músicos. El primero es cantante y compositor y de nacionalidad estadounidense; el segundo, brasileño y baterista. Ambos coinciden en que en México es muy difícil sobrevivir de su arte.

De agosto de 1998 a septiembre de 2008, 55 mil 537 estadounidenses solicitaron el FM1 (documento migratorio que –a diferencia del FM1 y FM3– representa la inmigración oficial, la residencia definitiva) según el Instituto Nacional de Migración y, según el INEGI, en el año 2000, existían 343 mil 597 residentes del mismo país en México, lo que representa casi un 70% del total. En cambio, la comunidad brasileña era, en el mismo año, de 2 mil 320, es decir, un 0.5% de total de inmigrantes.

Kautz dice haber tenido mucha suerte y siempre haber podido subsistir tocando, pero sus críticas hacia la industria musical en México no se limitan a cuestiones de nacionalidad. El problema, dice, tiene que ver sobre todo con una carencia en las instituciones educativas, acompañada de la ignorancia musical formal de los intérpretes, el público y el conjunto de la industria. También se refirió a la “cultura de mafias que controlan las escuelas y las instituciones culturales del país” como un obstáculo tanto para los extranjeros como para los propios mexicanos. En comparación con su país de origen, Kautz menciona que la diferencia principal radica en el consumo del producto nacional, algo que ocurre en México pero en menor escala debido a la influencia de los Estados Unido, la música internacional y en inglés.

En este sentido, Paz dice que, cuando llegó, le resultó muy difícil lograr que la gente lo escuchase debido a que sus letras son casi en su totalidad en inglés. Sin embargo, la influencia a la que se refería Kautz ha producido que muchos artistas mexicanos compongan también en inglés, lo que ha resultado de forma positiva para el artista estadounidense.

Al referirse a la viabilidad económica, Paz asegura que le ha resultado muy complicado conseguir trabajo en México porque cree que “en México todo involucra una cierta suma de dinero”. Por lo tanto, siempre dice haber tendido que recurrir a otros oficios, como la docencia, al impartir clases de inglés. “Quizás es porque no me toman en serio. Probablemente piensan que no me voy a quedar aquí mucho tiempo (…) entonces no me dan muchas fechas.”

No obstante, las probabilidades en México le agradan. Menciona que, en contraste con los que sucede en los Estados Unidos, donde para alcanzar el éxito los músicos suelen mudarse a grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Atlanta, y donde hay mucha competencia, aquí “hay sólo una ciudad. Hay muchas bandas en la ciudad de México pero no tienes que moverte demasiado. Tengo mejores oportunidades de que mi música sea oída aquí.”

¿Pero qué pasa, por ejemplo, con el caso opuesto? Magos Herrera es una cantante mexicana de proyección internacional que decidió, hace un tiempo, probar suerte del otro lado de la frontera. “En mi caso ha sido maravilloso producir desde el exilio, porque en Nueva York está la concentración de músicos, estudios, productores más importante del mundo (y) todo se ha dado muy fácil y de primer nivel.” A diferencia del caso de Paz, ella consideró el mudarse a las gran metrópolis estadounidense como una oportunidad de progreso y con el objetivo de procurar los mejores estándares de producción y ejecución, ya que considera que “en México aún no somos una industria, estamos en proceso apenas.”

Criterio selectivo

La inmigración en México tiene dos polos opuestos pero que se fundamentan en la misma tesis: en México hay dinero, hay trabajo y hay oportunidades. Las corrientes de inmigración comenzaron significativamente a partir de la política protectora de refugiados políticos como consecuencia de las dictaduras sudamericanas en los años 70 y de las guerras civiles centroamericanas de los 80. La diferencia en la actualidad entre inmigrantes ilegales que cruzan la frontera sur y los extranjeros que llegan desde el resto del mundo de manera legal y voluntaria es abismal.

El criterio de selección de los inmigrantes en México comenzó a establecerse con la promulgación de la Tercera Ley de Migración el 30 de agosto de 1930 durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio. Ésta dice que “se considera de público beneficio la inmigración individual o colectiva, de extranjeros sanos, capacitados para el trabajo, de buen comportamiento y pertenecientes a razas que por sus condiciones, sean fácilmente asimilables a nuestro medio, con beneficio para la especie y para las condiciones económicas del país”. Pero no es hasta la escritura de la Ley General de Población de 1974, durante el gobierno de Luís Echeverría, que se limita definitivamente su entrada. (Los extranjeros en México, INEGI)

La tesis se sostiene. Según los datos arrojados por el censo realizado por el INEGI en el 2000, el 99% de la población extranjera económicamente activa (un 53.7% del total) tiene trabajo y 58.1% está entre los 25 y 49 años de edad. Esto quiere decir que casi el total de los inmigrantes que viene a buscar trabajo en México lo encuentra. Esto demuestra las evidentes oportunidades laborales que tiene el país y la buena acogida que se ofrece a los expatriados.

Sin embargo, el impacto en México es relativamente escaso. Los residentes extranjeros representan un 0.5% de la población del país, lo cual es mínimo comparado con otros países americanos como Canadá o Argentina. Es quizás por esto que, como mencionaba Alex Kautz, las dificultades en el trabajo del artista exiliado en México no son necesariamente diferentes a las que se enfrentan los propios mexicanos, aunque siempre se tiene un matiz particular.

El oso polar cubano

Manuel Pereira es escritor de novelas, cuentos y ensayos, es periodista, profesor y exiliado cubano. Fuma, usa guayabera y mantiene un intenso acento, a pesar de no pisar Cuba desde hace 18 años y de haber vivido la mayor parte de su vida profesional en el extranjero. Él sigue allí, en su isla maldita, y sus palabras lo demuestran.

“La primera dificultad al tener que escribir desde el exilio es que pierdes a tu público natural. (…) Hay cierto rechazo a las palabras cubanas y los editores no entienden lo que quieren decir. Un escritor exiliado es como un oso polar que lo sacas del polo norte y lo pones en un zoológico con tres bloques de hielo: no es lo mismo. Un exiliado está de alguna forma siempre enrejado y es una situación que es artificial, en alguna medida, no es totalmente natural, sobre todo si es un exilio largo.” Paradójicamente, el único lugar donde Pereira tiene dificultad para publicar es en Cuba, donde, según asegura, es un autor prohibido, censurado.

Sobre la industria editorial en México, menciona algunos problemas con la ortografía y algunas deficiencias con los correctores. Pero en seguida dice que la mayor diferencia es que, cuando se hacen evidentes estos inconvenientes y, por ejemplo, un corrector de estilo realiza cambios a los textos por ignorancia léxica, la gente en seguida pide perdón, se arregla el error y nadie se ofende. En Europa, asegura el cubano, “son tan soberbios que si les señalas un error no lo van a admitir nunca; (…) se creen dioses.” El escritor asegura que, en cambio, aquí la gente es más humana, más sencilla y humilde; “son gente sana.”

México es un país que se ha caracterizado por abrirle las puertas a los extranjeros de todos los rincones del globo, pero en especial al resto de América. Los del norte por obvias razones, los del sur por ser un país donde prosperidad y condición de latino no son opuestos. A pesar de que proporcionalmente no se pueda hablar de México como un país de inmigrantes, en los últimos años se ha podido ubicar geográficamente como un referente atractivo para el resto del continente, una tierra de las oportunidades latina.

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